domingo, 6 de septiembre de 2015

El éxito



   El éxito es el fin último para muchos, y en nuestra exigente sociedad es uno de los vienes más preciados que existe, con un precio bastante alto para poder alcanzarlo, por lo cual sólo la minoría lo lográ. Eso si lo vemos desde está perspectiva.

   Para explicarlo de mejor manera es necesario aclarar la casi inamovible conceptualización del término éxito entendido por la mayoría. Para ejemplificarlo podemos realizar un simple ejercicio, tómese dos minutos para cerrar os ojos mientras piensar en la palabra “éxito” o “exitoso” y luego reflexione sobre las imágenes que han aparecido en su mente, otra opción de un ejercicio más moderno es buscar estas palabras en las imágenes que brinda Google, y seguramente el resultado será muy similar.

   La personificación de exitoso en nuestras mentes es un individuo que viste con ropa de gran costo, conduce un auto de lujo, tiene por lo tanto un alto poder adquisitivo debido poseer un gran cargo en una importante empresa, con lo cual obtiene un gran sueldo con el que puede costear una gran casa. Es también representado por una persona que cumple con exigentes cánones de belleza, alguien que además suponemos es muy feliz por disfrutar de todo lo mencionado anteriormente.

  No pretendo ser insurrecta, cambiar la percepción de todo el que lea esto o redefinir el concepto de éxito, más bien quisiera compartir mi modesto consejo, el cual puede tomar o dejar.

   Quisiera comenzar comentando que lo anteriormente descrito NO es obligatoriamente la fiel representación de éxito, eso es la imagen difícilmente inalcanzable del concepto descrito por lo que hoy en día es valorado por nuestra sociedad. Incluso el Diccionario de la Real Lengua española lo define como el “resultado feliz de un negocio, la buena aceptación que tiene alguien, el fin o terminación de un negocio”, por lo tanto siempre está asociado al ámbito laboral y social. Tampoco es recomendable que a esto se le considere incuestionablemente los requisitos de la felicidad o un sinónimo de ella.

   No intento decir que este concepto este sea completamente inequívoco, por que es probable que para muchos estos patrones realmente si sean su propia definición de éxito, y a su vez implique felicidad, pero si quiero mencionar que para otros puede que no lo sea. Si conservamos esta errada idea, sin siquiera cuestionarla es posible que traiga consigo dañinas consecuencias.

   Muchas veces en el camino de elecciones que vamos tomando en la vida, no estamos muy seguros de que queremos para nosotros mismos, ya que no nos conocemos muy bien, no estamos acostumbrados a cuestionarnos o a pensar hacia donde ir, y por comodidad nos dejamos llevar por los caminos que ya están designados para nosotros por los preceptos ya fijados en la sociedad.

  Cuando pienso en esto pasa por mi imaginación, como a modo de metáfora, la sensación de dejarnos arrastrar por la fuerte corriente del rio, sin percatarse que sabes nadar bastante bien y que es más fácil de lo que crees, pero simplemente, por distintas razones, ni siquiera lo intentas.

   Por lo que mi consejo va dirigido a reflexionar más sobre uno mismo, quiénes somos, qué nos gusta, qué queremos. En otras palabras, buscar el significado único y personal de lo que llamamos éxito. Considerarnos exitosos cuando realizamos o alcanzamos nuestras propias metas o sueños, aunque estos no apliquen a los parámetros esperados por la sociedad, nuestros padres, profesores o amigos. 

   Es posible apreciar que los conceptos éxito y felicidad se entremezclan entre sí y se confunden. Esto también es causa de problema porque muchas veces se plantean como sinónimos, lo cual está bastante lejos de ser verdad, aunque si es posible que existan una fuerte conexión entre ellos. Aunque a diferencia de la suma, en la cual el orden de los factores no altera el resultado (Ley Conmutativa), es posible que entre estos dos conceptos sí exista un orden específico, por lo menos en lo teórico.

  Además de hacernos las preguntas básicas sobre nosotros mismos, es necesario reflexionar y descubrir qué es lo que nos haría feliz, cómo nos gustaría ser para poder sentirnos satisfechos con nuestras elecciones. Luego de obtener estás respuestas, las cuales pueden ir cambiando durante el transcurso de la vida, ya que en ningún caso son rígidas ni inamovibles, es posible planear cómo lograrlas y encontrar nuestro propio éxito.

   Podemos ser y sentirnos exitosos sin la necesidad de tener un alto cargo, mucho dinero, un auto de lujo o una casa grande. Sólo y simplemente siguiendo nuestros sueños, seremos realmente felices y nos sentiremos seguros de nosotros mismos, además tendrá el beneficio de que quienes nos acompañen en la vida lo verán, los sentirán y lo agradecerán.

   De ésta manera también seremos un ejemplo para los demás, puede sonar algo remilgado o incluso obvio, pero creo que son muchos quienes aún necesitan escucharlo para reflexionar y redirigir el camino o para empezarlo. En lo personal, agradezco haber escuchado este consejo hace ya un tiempo. 


“Debe evitarse hablar a los jóvenes del éxito como se se tratase del principal objetivo en la vida. La razón más importante para trabajar en la escuela y en la vida es el placer de trabajar, el placer de su resultado y el conocimiento para la comunidad” (Albert Einstein).




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