El
éxito es el fin último para muchos, y en nuestra exigente sociedad
es uno de los vienes más preciados que existe, con un precio
bastante alto para poder alcanzarlo, por lo cual sólo la minoría lo
lográ. Eso si lo vemos desde está perspectiva.
Para
explicarlo de mejor manera es necesario aclarar la casi inamovible
conceptualización del término éxito entendido por la mayoría.
Para ejemplificarlo podemos realizar un simple ejercicio, tómese dos
minutos para cerrar os ojos mientras piensar en la palabra “éxito”
o “exitoso” y luego reflexione sobre las imágenes que han
aparecido en su mente, otra opción de un ejercicio más moderno es
buscar estas palabras en las imágenes que brinda Google, y
seguramente el resultado será muy similar.
La
personificación de exitoso en nuestras mentes es un individuo que
viste con ropa de gran costo, conduce un auto de lujo, tiene por lo
tanto un alto poder adquisitivo debido poseer un gran cargo en una
importante empresa, con lo cual obtiene un gran sueldo con el que
puede costear una gran casa. Es también representado por una persona
que cumple con exigentes cánones de belleza, alguien que además
suponemos es muy feliz por disfrutar de todo lo mencionado
anteriormente.
No
pretendo ser insurrecta, cambiar la percepción de todo el que lea
esto o redefinir el concepto de éxito, más bien quisiera compartir
mi modesto consejo, el cual puede tomar o dejar.
Quisiera
comenzar comentando que lo anteriormente descrito NO es
obligatoriamente la fiel representación de éxito, eso es la imagen
difícilmente inalcanzable del concepto descrito por lo que hoy en
día es valorado por nuestra sociedad. Incluso el Diccionario de la
Real Lengua española lo define como el “resultado feliz de un
negocio, la buena aceptación que tiene alguien, el fin o terminación
de un negocio”, por lo tanto siempre está asociado al ámbito
laboral y social. Tampoco es recomendable que a esto se le considere
incuestionablemente los requisitos de la felicidad o un sinónimo de
ella.
No
intento decir que este concepto este sea completamente inequívoco,
por que es probable que para muchos estos patrones realmente si sean
su propia definición de éxito, y a su vez implique felicidad, pero
si quiero mencionar que para otros puede que no lo sea. Si
conservamos esta errada idea, sin siquiera cuestionarla es posible
que traiga consigo dañinas consecuencias.
Muchas
veces en el camino de elecciones que vamos tomando en la vida, no
estamos muy seguros de que queremos para nosotros mismos, ya que no
nos conocemos muy bien, no estamos acostumbrados a cuestionarnos o a
pensar hacia donde ir, y por comodidad nos dejamos llevar por los
caminos que ya están designados para nosotros por los preceptos ya
fijados en la sociedad.
Cuando
pienso en esto pasa por mi imaginación, como a modo de metáfora, la
sensación de dejarnos arrastrar por la fuerte corriente del rio, sin
percatarse que sabes nadar bastante bien y que es más fácil de lo
que crees, pero simplemente, por distintas razones, ni siquiera lo
intentas.
Por
lo que mi consejo va dirigido a reflexionar más sobre uno mismo,
quiénes somos, qué nos gusta, qué queremos. En otras palabras,
buscar el significado único y personal de lo que llamamos éxito.
Considerarnos exitosos cuando realizamos o alcanzamos nuestras
propias metas o sueños, aunque estos no apliquen a los parámetros
esperados por la sociedad, nuestros padres, profesores o amigos.
Es
posible apreciar que los conceptos éxito y felicidad se entremezclan
entre sí y se confunden. Esto también es causa de problema porque
muchas veces se plantean como sinónimos, lo cual está bastante
lejos de ser verdad, aunque si es posible que existan una fuerte
conexión entre ellos. Aunque a diferencia de la suma, en la cual el
orden de los factores no altera el resultado (Ley Conmutativa), es posible que entre
estos dos conceptos sí exista un orden específico, por lo menos en
lo teórico.
Además
de hacernos las preguntas básicas sobre nosotros mismos, es
necesario reflexionar y descubrir qué es lo que nos haría feliz,
cómo nos gustaría ser para poder sentirnos satisfechos con nuestras
elecciones. Luego de obtener estás respuestas, las cuales pueden ir
cambiando durante el transcurso de la vida, ya que en ningún caso
son rígidas ni inamovibles, es posible planear cómo lograrlas y
encontrar nuestro propio éxito.
Podemos
ser y sentirnos exitosos sin la necesidad de tener un alto cargo,
mucho dinero, un auto de lujo o una casa grande. Sólo y simplemente
siguiendo nuestros sueños, seremos realmente felices y nos
sentiremos seguros de nosotros mismos, además tendrá el beneficio
de que quienes nos acompañen en la vida lo verán, los sentirán y
lo agradecerán.
De
ésta manera también seremos un ejemplo para los demás, puede sonar
algo remilgado o incluso obvio, pero creo que son muchos quienes aún
necesitan escucharlo para reflexionar y redirigir el camino o para
empezarlo. En lo personal, agradezco haber escuchado este consejo
hace ya un tiempo.
“Debe evitarse hablar a los jóvenes del éxito como se se tratase
del principal objetivo en la vida. La razón más importante para
trabajar en la escuela y en la vida es el placer de trabajar, el
placer de su resultado y el conocimiento para la comunidad” (Albert
Einstein).