jueves, 2 de octubre de 2014

Necesidades NO necesarias

Hoy en día vivimos en una sociedad la cual te entrega ciertas directrices de forma sinuosa. Esto no es nada nuevo, ha ocurrido por siglos y siglos, y no dejará de ocurrir, pero lo que es  nuevo son las actuales instrucciones que nos está entregando esta sociedad. Tácitamente nos muestran las elecciones que debemos tomar, y nos hace pensar que somos conscientes de lo que estamos escogiendo, pero eso no es del todo cierto.

Para aclarar mejor lo que trato de decir quisiera hablar sobre las necesidades creadas, o lo que yo llamo las NECESIDADES NO NECESARIAS. En la actualidad nos vemos constantemente invadidos por mucha publicidad y propaganda, esparcida por muchos  diversos medios. La cual, es importante mencionar, es imposible  eludir.  Esta publicidad nos habla de productos que DEBEMOS tener, los cuales son planteados como absolutamente necesarios. Indispensables para vivir en la actual sociedad, por lo tanto si no lo tenemos o no lo poseemos también somos, de alguna forma, excluidos de ella.

Estos productos, artículos, servicios, etc., son expuestos como algo muy útil, que son servirán para hacer las cosas de forma más rápida, incluso instantánea, para hacer las cosas de manera más automática y hacer la vida más cómoda. Esa es sólo una cara de la moneda. No estamos viendo la otra parte, ya que implícitamente estos productos se venden como una necesidad. Y con ella también se venden ciertos valores y conceptos de cómo debemos ser y de qué NECESITAMOS, aunque realmente estos artículos, productos y servicios no son imprescindible.

Lo que parece algo beneficioso e inofensivo puede terminar siendo algo muy perjudicial. Esto no es ninguna amenaza, sino una simple advertencia, aquella que ni siquiera está escrita en letra pequeña cuando compra estos productos o cuando contrata aquellos servicios.

Hay que admitir que una excelente estrategia de venta, aunque a su vez inmensamente dañina. Ya que si no poseemos algo que es necesario para nosotros, finalmente terminamos sintiendo que algo importante nos falta.  Creamos un vacio que debemos ocupar, creamos una necesidad que apremiantemente debemos satisfacer, de la forma más pronta posible y sin importar las consecuencias. Esto es el principio de toda obsesión.

Parece ser algo sumamente obvio, pero nadie se detiene a pensar de qué se trata esta nueva necesidad, y si esto es realmente una necesidad con la cual no podríamos vivir. Por lo tanto, esta necesidad se vuelve una enfermedad, una de la cual no somos capaces de ver síntomas manifiestos, hasta que se vuelve demasiado poderoso y a su vez demasiado tarde.

Ejemplo evidente de esto es la necesidad actual de la tecnología. La obsesión por obtener aquellos últimos adelantos modernos, de los cuales en un principio ni siquiera sabemos para que funcionan pero que creemos fehacientemente que debemos poseer. Sentimos esta enorme sensación de querer ser los primeros en poseer el articulo más moderno, más rápido, con más capacidad, sin siquiera preguntarnos ¿para qué?

Esta obsesión por la tecnología  ha llegado a transformarse en algo bastante enfermizo, lo que comenzó como simples productos que harían de nuestra vida un elemento de mayor comodidad, terminó  convirtiéndose en la mayoría de los casos en algo bastante contraproducente, un virus que se expande cada día más y que afecta con mayor intensidad a las personas.

El ejemplo de la tecnología es bastante claro, ya que facilita la vida cotidiana, por sobre todo la comunicación. En la actualidad los teléfonos inteligentes (Smartphone) son un medio fundamental para comunicarse con los demás, para estar informados y para llevar a cabo un sinfín de actividades que hace años atrás eran impensables pero hoy en día nos resultan incuestionablemente necesarias.


Sin un celular, son sentimos incomunicados, desinformados, alejados de los demás. En otras palabras una necesidad no satisfecha, un vacio que no estamos llenando. Para aquellos que no nacimos con un celular, en otras palabras, para aquellos que se nos ha implantado esta necesidad, es posible apreciar que es algo bastante poderoso, o que hemos dejado que esto se transforme en algo bastante relevante en nuestras vidas. Pero ¿cómo se sentirá esta necesidad no necesaria en aquellas personas que han nacido con ella? Espero que esta pregunta se entienda, ya que es sumamente preocupante su respuesta, cualquiera que esta sea. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Seres altamente complejos

Es posible que todo filósofo se haya preguntado alguna vez ¿qué somos? o ¿qué nos diferencia como especie?

Es evidente que somos seres conscientes de nuestra existencia, por lo que podemos afirmar que nos percatamos sobre esto. En otras palabras, una descripción muy utilizada para distinguir a los seres humanos es “seres pensantes”. Pero ¿qué quiere decir realmente esto?

Descartes propuso su célebre frase; “pienso y luego existo” (Cogito ergo sum), y muchos científicos o grandes pensadores nos distinguen de otros seres vivientes como “aquellos que poseen una capacidad cognitiva superior”, somos sinónimo de  “seres racionales”. Somos poseedores incluso de la habilidad de la Metacognición, pensar sobre el propio pensamiento.

Aunque esto que mencionó es un hecho indiscutible, definirnos sólo como seres pensantes o diferenciarnos por ser dueños de una capacidad racional superior, considero que es devaluarnos, no por despreciarnos, sino por considerar un sólo aspecto que nos distingue para definirnos como especies.

Otro aspecto tan importante como el nivel cognitivo es el ámbito emocional del ser humano, el cual es sumamente particular. No solo por la vasta gama de emociones y sentimientos que podemos experimentar, sino por sus matices, variedades, intensidades, etc. Somos capaces de sentir muchos diferentes tipos de sentimientos de formas distintas, inclusive al mismo tiempo.

Por supuesto que también sería caer en un error afirmar que somos seres emocionales. No es posible definirnos sólo por un aspecto. Es prácticamente incuestionable que los humanos somos seres muy complejos. Por lo que no sólo somos racionales, también somos emocionalmente muy activos.
Quizás el hecho qué nos distinga a unos de otros es el cómo se mezclan estos elementos, y no sólo me refiero a lo emocional y cognitivo.Muchas veces, lo cognitivo y lo emocional se consideran como aspectos opuesto o aspectos que se suprimen o se anulan cuando trabajan en su conjunto, pero ¿es posible separarlos o independizarlos? Posiblemente la respuesta a esto sea un rotundo NO, aunque muchos crean que sí.

Por mucho tiempo se ha considerado la razón como un ámbito más elevado y lo sentimental y emocional como algo más primitivo o indomesticable, y por esta razón más asociado a lo animal. Quizás por el hecho de que se crea que el pensamiento es algo que es controlable y lo sentimental un aspecto más libre.

Aunque esta lógica también es errónea, emoción y pensamiento tienen la misma cuota de control y libertad, y no se anulan cuando se desempeñan en conjunto. Por el contrario es muy poco probable que pensamiento y sentimiento logren funcionar por separado.

Pero esto es algo que hasta el día de hoy le cuesta creer a la mayoría, por lo que la represión de sentimientos y emociones es un mecanismo de defensa muy utilizado por todos. Esto está muy incentivado por la misma sociedad, camuflado por prejuicios altamente conocidos como; “Llorar no es cosa de hombres”, “ella debe estar así (emocional o expresando más emociones) porque está en sus días previos a la menstruación”.

Es importante también dejar en claro que cuando reprimimos ciertas emociones, también lo hacemos con todo aquello que este asociado a esas emociones como recuerdos, personas, experiencias, inclusive pensamientos. Por lo tanto, para evitar experimentar estas emociones también evitamos todo aquello asociado a ellas.

Así es como nos vamos alejando de todo aquello que nos acerque a nuestro lado emocional. Pero ¿es esta la forma de convertirnos en seres más racionales? Al parecer no, sólo estamos evitando una parte inherente de nosotros mismos…y ¿qué nos ocurre cuando rehuimos algo que es constitutivos de nosotros? Seguramente enfermamos.

Por supuesto no es una enfermedad física, aunque en algunos casos lo llega a ser como las afecciones psicosomáticas, los trastornos de conversión, etc.

Para los psicólogos, sobre todo aquellos más ligados con la corriente psicoanalítica, todo aquello que es reprimido es de lo que está compuesto nuestro inconsciente. Y liberar nuestro inconsciente de aquello reprimido para luego entenderlo de forma racional y emocional es muchas veces la solución de muchos malestares tanto psicológicos como físicos.
 
Dicho esto, queda en evidencia que no sólo se nos puede definir como seres racionales, emocionales, físicos o psicológicos.  La descripción más atingente es “seres altamente complejos”, esta parece ser una definición poco concreta, y sin duda alguna lo es, pero por lo menos sé que no es reduccionista.