lunes, 28 de julio de 2014

Paradigma

    Ahora que ya sabemos que es incuestionable que pesamos, meditamos y reflexionamos, o vemos la vida y los hechos influenciados por un paradigma en particular. Es momento de preguntarse, ¿cómo es este paradigma?, ¿Cómo nace? Y la pregunta, que a mi parecer es la más relevante es ¿Cuánto nos influencia este paradigma?

    Thomas Kuhn, un gran historiador y filósofo de la ciencia, quien replanteó el concepto de paradigma aproximadamente en la década de 1960. Este estadounidense propone que el paradigma son los que comparten sus miembros, él precisa que con esto hace referencia a la comunidad científica, y esto ocurre producto de la buena comunicación y la igualdad en sus juicios.
Citándolo, dejare que él mismo Kuhn os lo explique mejor; “Considero a los Paradigmas como realizaciones científicas universalmente reconocidas que, durante cierto tiempo, proporcionan modelos de problemas y soluciones a una comunidad científica”.

  De su definición puedo concluir la respuesta a cómo nace una paradigma. Este nace en base a un acuerdo en la comunidad científica o en quienes nosotros depositamos ciegamente nuestra confianza, ya que nos hablan desde los resultados objetivos, fidedignos, obtenidos utilizando métodos científicos, sistemáticos y que se vuelve, para quienes no desean pasarse horas pensando, simplemente indiscutibles. Con esto tampoco digo que debemos cuestionarnos todo y no confiar en nada o nadie, no volveríamos realmente paranoicos o nos obsesionaríamos en el arte de reflexionar y discutir, problematizando todo asunto. No, esa no ese no es el fin. Solo pretendo, modestamente, aunque no lo parezca, despertar una de las esencias del hombre LA CURIOSIDAD, para que comencemos a pensar y debatir.
Otra vez me desvié de mi rumbo, pido mis disculpas, para que sepan solo estoy dejando que mi mente plasme aquí todos mis pensamientos y que suene de forma coherente.

   Bueno, ya sabemos que para Kuhn el paradigma depende de lo que los científicos concluyan como cierto. Bueno, ya trascurrido varias décadas desde este inicial planteamiento y extrapolando el concepto más allá de la comunidad científica, podemos concluir por nosotros mismos, que en la actualidad, lo planteado como paradigma, considerándolo como algo global e integral, está influenciado no sólo por la ciencia, sino por la religión, cultura y las personas. En otras palabras por la sociedad y por la época en la cual se vive, por lo que el paradigma va mutando, con nosotros y por nosotros.

Esto responde a otra de mis iniciales interrogantes cómo nos influencia este paradigma. Me atrevería a decir, aunque suene arriesgado, que en prácticamente todo nos influencia, en cómo nos comunicamos, en nuestros hábitos y costumbres, qué es lo correcto y que no lo es, qué debemos hacer y cómo debemos pensar.
Así es, el paradigma nos entrega una base desde la cual platearnos la realidad, pero no sólo eso, esta base, tiene por supuesto ciertos límites. En lo personal y desde mi forma rebelde de ser, lo percibo como sólo hasta ahí puedes llegar. Escucho una voz reprendiéndome; no debes ir más allá.

   Pero ya deje claro cuál es una de las principales esencias del hombre, si, la curiosidad. Y esto es innegable, desde el principio de los siglos está planteado así, aunque su forma de ser vista a cambiado, quizás por el cambio de paradigma. Por ejemplo el concepto de curiosidad planteado desde la religión y la sociedad y cultura en una época en donde ésta era indiscutible lo que regio la ley y las normas, es expuesto como se representa en la biblia; la serpiente tienta a Eva a morder la manzana pecaminosa que por su instinto de curiosidad y ávida por el saber ella muerde sin remedio. Pero hoy en día la curiosidad es algo malo, me atrevería a decir que es todo lo contrario. Esto es un ejemplo no solo de los paradigmas, de los cambios de paradigmas, de lo que influye en ellos y como ellos influyen en nosotros.
Por lo que queda claro que estos nos planteas límites, o nos encierran en UNA forma de ver las cosas. Si bien nos hacen el trabajo más fácil, también implica que nos coarta nuestra visión de la realidad y lo que nos rodea, y más apremiante aun, en nuestra forma de pensar las cosas.

  En relación a lo anteriormente expuesto, quizás sea necesario poder mirar los lentes que llevamos puestos para poder mirar a través de ellos, quizás y sólo quizás, incluso eso tenga el poder de cambiar los lentes que traemos puestos. En otra palabras, conocer desde donde nos estamos planteado preguntas o respuestas, el paradigma en el que estamos inmersos, nos puede proporcionar una mira más amplia y expandir los límites del propio paradigma. Con esto no planteo cambiar el modo en que todos vivimos, en nuestras costumbres, hábitos, etc., sino en estar realmente consiente del porqué no plantear algo que pueda ir en contra de los límites del paradigma o proponer los propios límites personales a este paradigma en el que nos encontramos.
¿Y si estamos viendo al revés?


  Para explicar más cabalmente lo que trato de plantear, trataré de ejemplificarlo a través de un cuento.
 
En mi intento de buscar intensamente una manera de expandir en su mayor magnitud la visión de las cosas, recurrí a la forma más explícita. Buscar el lugar más alto desde donde visualizar el confín, con este propósito subí a un edificio muy alto, pero este no era suficientemente elevado. Aunque lo intente con gran ahínco, ni siquiera lo era el rascacielos con mayor envergadura, eso no era suficiente. Por lo que pensé que la respuesta quizás no estaba en las construcciones del hombre, sino en la naturaleza, fue entonces cuando decidí subir la montaña más alta, y aunque esta brindo la hermosa perspectiva de mucha más altura de mira, no era la última respuesta. Estaba buscando la mayor amplitud posible de la visión o perspectiva, por muy alta que esta fuese aun parecía restringida. En mi intensa búsqueda de este objetivo, creí que no era posible una mejor respuesta, la frustración hizo plantearme la posibilidad de rendirme en esta tarea. Pero algunas respuestas son difíciles de conseguir, así que decidí tomar un descanso y pensar en alguna otra posibilidad que me hiciera mirar las cosas fuera del paradigma. Tendida en el suelo, mirando el cielo, ahí frente a mis ojos encontré finalmente la respuesta, un horizonte sin límites. Era solo cosa de cambiar de perspectiva.

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